Desde Lliria (Valencia), nuestro ya colaborador, Carlos Moyano Cantó, nos envía sus obras poéticas bajo los títulos de: "Tres Romances" y "Cuando muere el poeta".
TRES ROMANCES
Romance de la mañana
La noche pasa gimiendo
el azul de soledades,
que la luna muere en el huerto
de flamantes labradores.
La comba negra de estrellas,
azul de algodones se vuelve,
y regresa el ruido monótono
de mañanas y atardeceres.
Los caballos tiran juntos
carruajes sin jinetes,
aguardando, aquí descalzo,
enredarme en sus crines.
*
Despierto y en mis sabanas,
son tus huellas lo que huelo.
Y en mi cama es tu pelo
lo que susurrante me llama.
Abro los ojos doloroso
del chamusco luminoso,
repujado por las horas
que conforman mi profundo.
Bella gracia duerme lejos,
rival de la luna ha sido,
y ahora es rival del sol,
cenicienta sin ceniza,
un serafín corazón.
*
El día se viste de blanco,
y el corazón en la distancia
se siente engalanado
cuando recuerda su boca toda perla.
En la noche nochera, la luna,
celosa por su prócer brillo,
lloraba blanca y silenciosa,
impotente ante la luz de sus ojitos.
***
Romance del atardecer
Al romance cojo
de un sueño de alcoba.
Al silbar silencioso
de las amapolas.
Al cantarte solo
cuando no me llorabas,
cuando el silencio
nos mece en tu cuna.
Al tenor de besos
que te hicieron presa.
Al roncar del pecho
de mi triste historia.
Al flotar los huesos
que nos componían
con ramajes de olivo,
con tus ojos morían.
Al fruncir el ceño
cuando no llovía.
Al sentir tus senos
plenos de alegría.
Cuando tus paredes
yo no penetraba,
y sola, con tus dientes
prietos, te quedabas.
Cuando ya no eran
mares sino sueños.
Cuando tus cositas
los hacían nuestros.
Cuando me dejabas
solo por tus textos
y a la mañana,
en frío te escribía...
mis "te quiero".
***
Romance de la noche abierta
Estaba escrito en aljamía
bajo el cielo estrellado.
El día azabache dormía
en tus pelos enredado.
El nocturno nos mandaba
ser rapaces enamorados,
lacerando con las garras
nuestros pechos emplumados.
*
La razón se volvió mansa
permitiendo lo esperado,
y velozmente la locura
nos condujo con su mano.
La penumbra acompañaba
nuestro vals desesperado,
y la luna observaba
nuestros cuerpos enlutados.
*
Iracundos de sensiblería
a la noche dominamos,
con nuestra propia hechicería,
en nuestras manos subyugamos.
El demonio de la noche,
entre llantos devoramos,
y su oscuro miserere
sin esfuerzo silenciamos.
*******
CUANDO MUERE EL POETA
Cuando muere el poeta,
solo hay, solo queda,
el dolor de la creación,
un charco de lágrimas negras.
Solo queda, solo hay
el vacío en el corazón,
un doloroso silencio
que distorsiona el interior.
Siento la muerte,
cuando quiero nacer,
y un envión felón
me abate otra vez,
cuando intento llorar,
proferir en copla,
lo que siento andar,
avasallado en mi sombra.
Porque me es un dolor abisal,
sentirme fútil con la tristeza.
Cada noche, siento el mal
de cuando muere un poeta.
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