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José Donayre - "Horno de reverbero"

Archivado en Narración • Fecha: 15-07-2005 23:39:44


De origen peruano, José Donayre nos ha enviado tres textos de su libro inédito "Horno de reverbero"

Para conocer su obra competa, visitar Blog de José Donayre




Vesania

En una versión que Shakespeare destruyó por una desazón imposible de entender desde el ámbito estético, Hamlet no dialoga con el fantasma de su padre, sino con el de carne y hueso, pero disfrazado de espectro. A pesar de que Hamlet no sabe que se trata de una farsa (una treta de su padre para descubrir la traición de Gertrudis y Claudio), el joven príncipe de Dinamarca no luce tan díscolo, irritable e histriónico. ¿Acaso hubo método en ello? Imposible saberlo, mientras la cordura, las buenas costumbres y los hilos del poder sigan dándole vigencia a la destrucción.

Disosmia

Se suele decir que el universo tiende al equilibrio (coloquialmente, el derecho de pernada se anula con el derecho al pataleo). Sin embargo, en el universo de Internet (laberíntica biblioteca prevista, con la distancia del caso, por Borges), no se da esta particularidad, pues prima lo tendencioso. Para entender tal aseveración, es necesario considerar que en este sistema de comunicación se sobrevalora la efectividad de lo cuantitativo. Por esta razón, la ignorancia supina de muchos escritores que irrumpen en el ciberespacio pasa inadvertida ante lectores de escasísimo olfato. ¿Es posible que la inmediatez engendre tanta estupidez? No cabe duda que la moderna correspondencia verso-universo se fue posmodernamente por el desagüe.

Impromptu

En el ajedrez, no lucha el día contra la noche ni el bien contra el mal –entre otros pares de opuestos complementarios pergeñados por la tradición maniquea–, sino un mismo y único individuo, escindido entre la verdad, el saber y el instinto. El jugador –atenazado por la eternidad de lo elemental o por la actualidad del hórror vacui (pulsiones trágicas entre la vigilia y el sueño)– se deja llevar por un ensayo que obra la gesta lúdica a diferentes ritmos y acordes. Así, nada escapa al acertijo acompasado del riesgo, pues la melodía, más erótica que tanática, discurre en una improvisada estrategia surcada por maniobras maestras (grafo del deseo, postula Lacan sin arrastrar ninguna culpa). Entre un escaque y otro, la cadencia se enfoca en quebrar el registro del sometimiento, lo que exalta el goce del individuo en función de una sola jugada liberadora, aquella que implica la victoria intuitiva sobre el tiempo, a partir de una cogitación mítica, mística y misteriosa.


Escrito por La Cantina Digital
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